viernes, 30 de mayo de 2014
El sombreron
El hombre caiman
Aqui les dejo un video sobre el hombre caiman.
El autoestopista fantasma
El autoestopista fantasma
Una de las leyendas urbanas más viejas y más repetidas de todas, la historia del autoestopista fantasma viene en muchas formas. La versión más popular incluye a un hombre quien recoge a un joven autoestopista (usualmente una chica) en un camino solitario.
Las diez joyas malditas
LAS DIEZ JOYAS MALDITAS
Un claro ejemplo de esto, es la famosa maldición detrás del tesoro que se encontró dentro de la tumba del faraon Tutankamon, en Egipto, según la cual, todas las personas relacionadas en el hallazgo y profanación de la tumba, murieron.
Como lo menciona ''latercerca.com'', la historia está llena de leyendas y mitos referentes a objetos con maldiciones, y si bien la mayoría queda solo en la ficción, existen algunos relatos que sí poseen respaldo histórico.
En este sentido, se han recopilado diez joyas que, según las supersticiones que se esconden detrás de ellas, han sido las culpables de acarrear a sus dueños, maldiciones que incluso, han tenido que pagar con su vida:
1) El tesoro de Tutankamón. El egiptólogo Howard Carter llevaba años buscando la tumba; cuando fue encontrada, durante la excavación financiada por Lord Carnatvon, la famosa maldición fue desatada, matando aproximadamente a 16 personas, entre arqueólogos y sus conocidos.
2) Ópalo maldito. Cuenta la leyenda que el rey español Alfonso XII se enamoró de una aristócrata, pero se casó con su prima, María Mercedes. El regalo de bodas de la despechada fue un ópalo en un anillo de oro puro, el cual provocó la muerte de María Mercedes 5 meses después.
3) Diamante Hope. Maldito por tradición, fue robado por un sacerdote del ojo de un ídolo esculpido en honor a la diosa hindú Siva. Se le atribuyen las muertes trágicas de sus 23 dueños. Actualmente, pertenece a una institución a la que le fue donado por su último dueño.
4) Diamante Orlov. Según la leyenda, fue robado de la estatua del dios hindú Brhama, razón por la que después de su hurto, todos y cada uno de sus dueños se suicidaron. Tiempo después fue cortado en tres pedazos, pues se aseguró que era la única manera de romper su maldición.
5) Delhi Purple Sapphire. Descubierta en los años 30, esta joya supuestamente se encontraba dentro de varias cajas con la advertencia "Quien sea que la abra, primero debe leer esta advertencia y luego hacer lo que desee con la joya. Mi consejo para él o ella es tirarla al mar".
6) La corona Checa. La leyenda afirma que si la Corona es colocada sobre la cabeza de una persona que no posee legitimidad para ser rey, ésta morirá violentamente en un año. En 1941, Reinhard Heydrich, gobernador nazi, se la colocó y aproximadamente un año después murió.
7) La tabla Esmeralda. Se dice que Hermes Trismegisto escribió más de 40 libros de simbolismo y magia. Ésta fue encontrada en su tumba, y se dice que quien encuentre el sentido de lo que está grabado en la esmeralda, podrá conocer las verdades de la vida y la muerte.
8) Diamante Koh-i-Noor. Esta joya de 186 quilates fue tomada de la India en 1850 y entregada a la familia real británica. Actualmente forma parte de la corona de la Reina Elizabeth. Su maldición afecta solo a los hombres, pues cada rey que ha ocupado la joya ha perdido su trono.
9) El tesoro de Karun. Esta colección de joyas de oro cuenta con un broche y un collar malditos. Fueron saqueados en el 547 a.C., y se dice que todos aquellos que los poseen enferman gravemente o morirán de manera inexplicable.
10) Anillo Vyne. Este antiguo anillo romano lleva la inscripción "Seneciano, que vivas en Dios". En el siglo XIX se encontró una tablilla de maldición en latín que hacía referencia a un ladrón que había hurtado la joya.
La llorona
La Llorona
Cuenta la leyenda que en un lugar incierto de América Latina nació una joven y hermosa muchacha de padres indígenas. Su nombre se ha perdido con el pasar del tiempo, pero se sabe que desde edades tempranas exhibió rasgos delicados y de una gran hermosura, que se fueron acentuando con su entrada a la adolescencia y después a la juventud. La joven tuvo siempre numerosos pretendientes, que la colmaron de obsequios y halagos sin que ninguno pudiera nunca encender la llama del amor en su pecho.
Hasta que un día, el menos esperado, se presentó un viajero en el pueblo de la hermosa muchacha. Un hombre curtido por el camino, sin un hogar fijo, pero con mucha experiencia. Y como suele ocurrir, la hermosa jovencita quedó prendada de este rufián encantador, y él también de su belleza.
En contra de los consejos de sus padres, la joven se entregó a aquel hombre y juntos se marcharon del pueblo. Y en un lugar lejano y solitario, formaron un hogar humilde pero feliz, en el que ella todas las tardes esperaba pacientemente el regreso de su esposo, para comer juntos y celebrar la vida que habían construido.
Pero el tiempo pasó deprisa y la alegría de aquel hogar comenzó a desvanecerse en el aire. Y aunque tuvieron dos niños hermosos, las peleas y los reproches se hicieron habituales entre los dos, y de a poco el hombre empezó a postergar el regreso a casa. Volvía de madrugada, borracho y oliendo a perfumes ajenos, y a veces pasaba la noche entera por fuera, quién sabe dónde y con quién. La joven, sola con sus hijos pequeños, esperaba y esperaba, al principio furiosa y después muerta de tristeza, sin saber qué hacer para que volviera a su hogar la alegría perdida.
Un día su marido, simplemente, no volvió. Abandonada a su suerte, la joven se resintió con aquel mal hombre al punto tal que estuvo dispuesta a marcharse ella también, pero no tenía dinero, ni forma de obtenerlo, y no podía dejar a sus niños a solas. Las siguientes noches las pasó enteras sin dormir, pensando qué hacer y maldiciendo el día en que se había enamorado de aquel viajero en su pueblo.
La rabia se fue acumulando dentro suyo y se fue comiendo su cordura. Los niños lloraban sin cesar, muertos de hambre. La casa crujía solitaria en medio de la nada. Así que una noche, entregada a su dolor, la joven se levantó y arrastró a sus pequeños al río cercano. Allí los lavó, les besó sus rostros pequeños y luego los sumergió hasta el fondo en el agua, hasta sentir que sus cuerpecitos frenéticos dejaron de moverse.
Solo entonces la joven volvió en sus cabales y presenciando el horror que acababa de cometer, se entregó a un llanto profundo, infinito, que no se detuvo hasta varios días después, cuando el hambre, la tristeza y la locura la arrancaron de esta vida. Pero su alma, atormentada, no tuvo descanso, y siguió llorando y lamentándose a viva voz. Su espectro se levantó de las orillas del río para vagar por los alrededores en busca de aquel mal hombre, culpable de sus desgracias, o de alguien que le resultara parecido.
Un poco más sobre la leyenda de la Llorona
Existen muchas versiones de la leyenda de la Llorona, también conocida como “la sayona”, “la cachona”, “la viuda” o “la pucullén”, pues se trata de una de las leyendas más conocidas y difundidas de toda Hispanoamérica. Y existen diferentes relatos de su supuesto origen, cada uno adaptado al folclore y las tradiciones locales.
Los estudiosos del mito señalan que se trata de una reinterpretación moderna de un relato de orígenes prehispánicos, con raíces en la cultura náhuatl, la cultura quechua, la cultura aymara e incluso la cultura guaraní. También se piensa que puede ser un relato hispano creado en torno a ciertas deidades mesoamericanas de la tradición purépecha, zapoteca, maya o nahua, ya que en ellas abundan los espectros femeninos vinculados al agua y que ejercen castigo a los hombres.
La primera transcripción hispana de la leyenda de la Llorona tuvo lugar en la Historia general de las cosas de Nueva España (1540-1585) redactada por un misionero franciscano de nombre Bernardino de Sahagún (c. 1499-1590). Según este Fraile, la leyenda de la llorona era contada por los indígenas mexicas. En su tradición, este fantasma se identificaba con la diosa Cihuacóatl.
Por otro lado, la llorona presenta importantes similitudes con otras figuras sobrenaturales y mitológicas de Occidente, especialmente con las mujeres que reniegan de su rol materno o que cometen crímenes contra sus hijos por amor, como la hechicera Medea de la tradición grecorromana; o como las banshee del folklore celta, que anunciaban la muerte de seres queridos con sus lamentos y gemidos en medio de los bosques



